Cambio de hora en Chile reabre el debate científico por sus efectos en la salud

by Live Comunicaciones

Prontamente Chile deberá retrasar sus relojes en sesenta minutos, una situación que siempre despierta controversias en el debate público. Desde el ámbito científico, sin embargo, la evidencia muestra un claro consenso: evitar los cambios de hora. Así, una reciente publicación internacional en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences vuelve a aportar antecedentes respecto a aquello. El estudio modeló distintos escenarios de política horaria y concluyó que el esquema de ajustes bianuales genera mayor alteración del sistema circadiano que mantener un horario fijo durante todo el año. Las simulaciones también mostraron que un horario estándar permanente -equivalente al llamado horario de invierno, con mayor luz durante la mañana- se vincula con beneficios en salud pública, como menor prevalencia de obesidad y de accidentes cerebrovasculares.

Aunque el análisis no se centró en la realidad chilena, se suma a cientos de estudios que apunta en la misma dirección, es decir, reducir las modificaciones del reloj favorece la estabilidad biológica. Pero el debate no es meramente teórico. Otro estudio de Harvard denominado “El lado oscuro del horario de verano” advierte que los ritmos circadianos, responsables de regular el sueño, el metabolismo y la liberación hormonal, dependen en gran medida de la luz natural, lo que significa que cuando la hora oficial se altera, el cuerpo necesita días -e incluso semanas- para adaptarse.

“La evidencia muestra que nuestro reloj biológico no cambia de un día para otro solo porque movimos las manecillas. La luz de la mañana es la que realmente sincroniza nuestros procesos internos”, explica Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio). Al respecto, el investigador enfatiza que el problema no se limita a una sensación pasajera de cansancio. “Estamos hablando de desajustes biológicos, que regulan el sueño y el estado de ánimo. Esa descoordinación puede traducirse en menor rendimiento y mayor vulnerabilidad en ciertos grupos”, señala.

Y es que estudios clínicos han documentado que incluso una variación de una hora puede afectar la calidad del descanso en los días posteriores al cambio. De hecho, en algunos contextos internacionales también se ha observado un aumento transitorio de eventos cardiovasculares y accidentes de tránsito tras la modificación horaria.

Para Larrondo, mantener el horario de invierno (GMT-4) durante todo el año sería una alternativa más coherente con la biología humana. “Despertar con luz natural facilita que el organismo active sus funciones de manera armónica, por lo que forzar inicios de jornada en oscuridad, como ocurre en el horario de verano (en particular en las primeras y últimas semanas de dicho horario) implica ir contra nuestra programación interna”, afirma.

Finalmente, el especialista añade que niños, adolescentes y personas con tendencia nocturna suelen resentir con mayor intensidad estos ajustes. “No todos tenemos el mismo cronotipo. Hay quienes ya parten con desventaja cuando adelantamos el reloj. Eso impacta en el aula, en el trabajo y en la seguridad vial”, advierte Larrondo, asegurando que, para la comunidad científica, la pregunta ya no es si el ajuste tiene efectos, sino si resulta razonable mantener una práctica que tensiona de manera periódica el reloj biológico de millones de personas.

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