De innovación campesina a bioinsumo: ciencia estudia solución chilena creada con residuos agrícolas y ganaderos

by Live Comunicaciones

Investigadores están estudiando BIOVOR, una preparación desarrollada por un agricultor de Calle Larga mediante la fermentación de residuos disponibles en su propio entorno. Los primeros ensayos en lechugas muestran mayor crecimiento y mejoras en parámetros nutricionales, fisiológicos y bioquímicos de las plantas. El objetivo ahora es comprender científicamente cómo funciona y evaluar su potencial como alternativa sustentable para otros productores.

Frente a la escasez de agua, el deterioro de los suelos y el costo de los insumos agrícolas, pequeños productores llevan años buscando soluciones a partir de los recursos disponibles en sus propios territorios. En Calle Larga, Región de Valparaíso, una de esas experiencias comenzó a ser estudiada científicamente para determinar qué hay detrás de sus resultados y hasta dónde podría llegar su aplicación.

Investigadores del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), junto al agricultor Víctor Orellana y actores locales de PRODESAL, están evaluando BIOVOR, un bioinsumo que el propio productor desarrolló a partir de residuos agrícolas y ganaderos mediante un proceso de fermentación.

Orellana y otros agricultores de la zona habían observado mejoras en la sanidad y productividad de sus cultivos y en la calidad del suelo tras utilizar esta preparación. Sin embargo, esos efectos no habían sido evaluados de manera sistemática. El trabajo científico busca precisamente determinar cuánto funciona, bajo qué condiciones y qué mecanismos podrían explicar sus efectos.

“La ciencia no viene a reemplazar el conocimiento agrícola. Ese conocimiento permite reconocer patrones, identificar problemas y probar soluciones mucho antes de que nosotros formulemos una hipótesis en un laboratorio. Lo que podemos aportar es otra capa de evidencia, mediante diseños experimentales controlados y mediciones cuantitativas y reproducibles”, explica Elena Vidal, investigadora de iBio.

Primeros resultados prometedores

En un ensayo realizado con lechugas en el predio de Orellana, las plantas tratadas con BIOVOR presentaron un mayor crecimiento que aquellas sometidas al manejo tradicional. Los investigadores también observaron mejoras en su estado nutricional y en algunos parámetros fisiológicos y bioquímicos.

El análisis del suelo ha entregado además una señal que el equipo busca comprender con mayor profundidad: en algunos tratamientos disminuyó la cantidad de determinados nutrientes presentes en el suelo mientras aumentó su concentración en las plantas. Una de las hipótesis es que BIOVOR podría favorecer su adquisición por parte del cultivo, aunque los investigadores enfatizan que todavía es necesario estudiar los mecanismos involucrados.

El equipo también está analizando qué ocurre dentro del propio bioinsumo. Los estudios muestran que su comunidad microbiana cambia significativamente durante la fermentación y ya se han aislado microorganismos con características de interés agrícola, entre ellas la capacidad de solubilizar fosfato, producir sideróforos y tolerar condiciones de estrés osmótico.

“Validar científicamente un producto significa pasar de decir ‘vemos que funciona’ a saber en qué condiciones funciona, cuánto funciona y potencialmente por qué. Eso permite avanzar hacia aspectos como controles de calidad, dosis, inocuidad y reproducibilidad, que son fundamentales si se quiere llevar una solución artesanal utilizada en un predio hacia un bioinsumo que pueda ser usado de manera confiable por otros agricultores”, señala Vidal.

De los residuos locales a una posible solución para otros agricultores

El proyecto también podría tener implicancias económicas y ambientales. BIOVOR utiliza residuos agrícolas y ganaderos que normalmente tienen poco valor para transformarlos en un insumo productivo, lo que a futuro podría contribuir a disminuir la dependencia de productos externos.

La investigación busca ahora identificar qué microorganismos o componentes podrían explicar parte de los efectos observados. A partir de los microorganismos aislados del preparado original, el equipo está explorando el desarrollo de consorcios microbianos definidos que permitan estudiar su potencial como base de un bioinsumo estandarizado.

Para los investigadores, sin embargo, el valor del proyecto no está únicamente en un eventual producto final, sino también en la forma en que se genera el conocimiento. “Lo más valioso de la experiencia de Calle Larga es que no se trata de que la universidad lleve una solución al agricultor. Se trata de combinar conocimiento local y conocimiento científico para co-construir soluciones que tengan sentido en el territorio, reconociendo siempre el origen de ese conocimiento y la participación de quienes lo desarrollaron”, concluye Vidal.